miércoles, 15 de agosto de 2018

San Ambrosio: el alma de María

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(Todo el que cree, como María, concibe y da a luz al Verbo de Dios y proclama sus obras)

Que resida, pues, en todos el alma de María, y que esta alma proclame la grandeza del Señor; que resida en todos el espíritu de María, y que este espíritu se alegre en Dios; porque, si bien según la carne hay sólo una madre de Cristo, según la fe Cristo es fruto de todos nosotros, pues todo aquel que se conserva puro y vive alejado de los vicios, guardando íntegra la castidad, puede concebir en sí la Palabra de Dios. 

El que alcanza, pues, esta perfección proclama, como María, la grandeza del Señor y siente que su espíritu, también como el de María, se alegra en Dios, su salvador; así se afirma también en otro lugar: Proclamad conmigo la grandeza del Señor. 

(Del Comentario de san Ambrosio, obispo, sobre el evangelio de san Lucas)

SAN ABROSIO DE MILÁN (Tréveris 340-Milán 397)
Ambrosio procedía de una noble familia cristiana, pero no estaba bautizado. Su padre Aurelio Ambrosio era prefecto de la Galia Narbonense. A la temprana muerte de su padre, su madre lo llevó a Roma, siendo todavía un muchacho, y lo preparó para la carrera civil, proporcionándole una sólida instrucción retórica y jurídica.

También estaba previsto que Ambrosio se convirtiera en funcionario imperial. En el lugar de Roma en que vivía con su hermana Marcelina, hoy en día se alza la iglesia de Sant’Ambrogio della Massima. Finalmente acabó trabajando en Sirmio bajo el prefecto Sexto Petronio Probo, una de las personalidades más relevantes del momento, que hacia 372 le encomendó la provincia Aemilia-Liguria (Emilia y Liguria). La sede de la provincia estaba en Milán, que por aquel entonces también era residencia imperial.

La diócesis de Milán, como toda la Iglesia, estaba profundamente dividida entre católicos y arrianos. En el año 374, tras la muerte de Auxentius, un arriano, el prefecto, muy respetado por todos, acudió personalmente a la basílica, donde se iba a celebrar la elección, para impedir cualquier conato de rebelión. Según la tradición, su discurso fue interrumpido por el grito de un niño: Ambrosius episcopus!

Años más tarde, fue mentor del entonces joven rétorico Austin, futuro San Agustín de Hipona, que se convirtió oyendo sus sermones.




jueves, 9 de agosto de 2018

Juan Pablo II: ¿Es posible una praxis pastoral contraria a la ley moral?





"Algunos autores, queriendo poner de relieve el carácter creativo de la conciencia, ya no llaman a sus actos con el nombre de juicios, sino con el de decisiones. Sólo tomando autónomamente estas decisiones el hombre podría alcanzar su madurez moral. No falta quien piensa que este proceso de maduración sería obstaculizado por la postura demasiado categórica que, en muchas cuestiones morales, asume el Magisterio de la Iglesia, cuyas intervenciones originarían, entre los fieles, la aparición de inútiles conflictos de conciencia. Algunos han propuesto una especie de doble estatuto de la verdad moral. Además del nivel doctrinal y abstracto, sería necesario reconocer la originalidad de una cierta consideración existencial más concreta. Ésta, teniendo en cuenta las circunstancias y la situación, podría establecer legítimamente unas excepciones a la regla general y permitir así la realización práctica, con buena conciencia, de lo que está calificado por la ley moral como intrínsecamente malo. De este modo se instaura en algunos casos una separación, o incluso una oposición, entre la doctrina del precepto válido en general y la norma de la conciencia individual, que decidiría de hecho, en última instancia, sobre el bien y el mal. Con esta base se pretende establecer la legitimidad de las llamadas soluciones pastorales contrarias a las enseñanzas del Magisterio, y justificar una hermenéutica creativa, según la cual la conciencia moral no estaría obligada en absoluto, en todos los casos, por un precepto negativo particular.
Con estos planteamientos se pone en discusión la identidad misma de la conciencia moral ante la libertad del hombre y ante la ley de Dios. 

(Veritatis splendor, 6 agosto 1993, nn. 55 y 56. )


viernes, 3 de agosto de 2018

Pena de muerte en el Catecismo de la Iglesia católica

Esta es la versión de 1995 (que modificaba, a su vez, ligeramente la primera versión, que constaba en la primera edición del Catecismo de la Iglesia católica de 1992), publicado bajo la autoridad magisterial de san Juan Pablo II:

n. 2267 “La enseñanza tradicional de la Iglesia no excluye, supuesta la plena comprobación de la identidad y de la responsabilidad del culpable, el recurso a la pena de muerte, si esta fuera el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas. Pero si los medios incruentos bastan para proteger y defender del agresor la seguridad de las personas, la autoridad se limitará a esos medios, porque ellos corresponden mejor a las condiciones concretas del bien común y son más conformes con la dignidad de la persona humana.
Hoy, en efecto, como consecuencia de las posibilidades que tiene el Estado para reprimir eficazmente el crimen, haciendo inofensivo a aquél que lo ha cometido sin quitarle definitivamente la posibilidad de redimirse, los casos en los que sea absolutamente necesario suprimir al reo «suceden muy rara vez, si es que ya en realidad se dan algunos”

Y esta es la modificación que ha introducido el papa Francisco:


2267. Durante mucho tiempo el recurso a la pena de muerte por parte de la autoridad legítima, después de un debido proceso, fue considerado una respuesta apropiada a la gravedad de algunos delitos y un medio admisible, aunque extremo, para la tutela del bien común.
Hoy está cada vez más viva la conciencia de que la dignidad de la persona no se pierde ni siquiera después de haber cometido crímenes muy graves. Además, se ha extendido una nueva comprensión acerca del sentido de las sanciones penales por parte del Estado. En fin, se han implementado sistemas de detención más eficaces, que garantizan la necesaria defensa de los ciudadanos, pero que, al mismo tiempo, no le quitan al reo la posibilidad de redimirse definitivamente.
Por tanto la Iglesia enseña, a la luz del Evangelio, que «la pena de muerte es inadmisible, porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona»[1], y se compromete con determinación a su abolición en todo el mundo.

[1] Francisco, Discurso del Santo Padre Francisco con motivo del XXV Aniversario del Catecismo de la Iglesia Católica, 11 de octubre de 2017: L’Osservatore Romano, 13 de octubre de 2017, 5.

Y aquí, la explicación de la Sagrada Congregación para la doctrina de la fe, en escrito de su Prefecto, Mons. Luis Ladaria: 

“La nueva redacción del n. 2267 del Catecismo de la Iglesia Católica, aprobado por el Papa Francisco, se sitúa en continuidad con el Magisterio precedente, llevando adelante un desarrollo coherente de la doctrina católica”. Indica también que la nueva formulación “quiere ser un impulso para un compromiso firme, incluso a través de un diálogo respetuoso con las autoridades políticas, para que se favorezca una mentalidad que reconozca la dignidad de cada vida humana y se creen las condiciones que permitan eliminar hoy la institución jurídica de la pena de muerte ahí donde todavía está en vigor”. 

lunes, 9 de julio de 2018

LA IGLESIA PREDICA Y ENSEÑA AL UNÍSONO

La Iglesia, pues, diseminada, como hemos dicho, por el mundo entero, guarda diligentemente la predicación y la fe recibida, habitando como en una única casa; y su fe es igual en todas partes, como si tuviera una sola alma y un solo corazón, y cuanto predica, enseña y transmite, lo hace al unísono, como si tuviera una sola boca. Pues, aunque en el mundo haya muchas lenguas distintas, el contenido de la tradición es uno e idéntico para todos.
Las Iglesias de Germania creen y transmiten lo mismo que las otras de los íberos o de los celtas, de Oriente, Egipto o Libia o del centro del mundo. Al igual que el sol, criatura de Dios, es uno y el mismo en todo el mundo, así también la predicación de la verdad resplandece por doquier e ilumina a todos aquellos que quieren llegar al conocimiento de la verdad.
En las Iglesias no dirán cosas distintas los que son buenos oradores, entre los dirigentes de la comunidad (pues nadie está por encima del Maestro), ni la escasa oratoria de otros debilitará la fuerza de la tradición, pues siendo la fe una y la misma, ni la amplía el que habla mucho ni la disminuye el que habla poco.

(San Irineo de Lyon Adversus haereses)



Nacido en Esmirna, Anatolia (actual Turquía), Ireneo fue uno de los discípulos —considerado el mejor de todos— del obispo de Esmirna, Policarpo, discípulo, a su vez, del Apóstol Juan. Policarpo lo envió a las Galias 
Sucedió a Potino en la sede episcopal de Lyon desde el 189 e intervino ante el obispo romano Víctor (190), para que no separara de la comunión a los cristianos orientales que celebraban la Pascua el mismo día que los judíos. No se tiene certeza sobre la fecha de su muerte, pero se estima ocurrió entre el año 202 y el 207.

lunes, 2 de enero de 2017

Nacimiento


Te diré mi amor, Rey mío,
en la quietud de la tarde,
cuando se cierran los ojos
y los corazones se abren.


Te diré mi amor, Rey mío,
con una mirada suave,
te lo diré contemplando
tu cuerpo que en pajas yace.


Te diré mi amor, Rey mío,
adorándote en la carne,
te lo diré con mis besos,
quizás con gotas de sangre.


Te diré mi amor, Rey mío,
con los hombres y los ángeles,
con el aliento del cielo
que espiran los animales.


Te diré mi amor, Rey mío,
con el amor de tu Madre,
con los labios de tu Esposa
y con la fe de tus mártires.


Te diré mi amor, Rey mío,
¡oh Dios del amor más grande!
¡Bendito en la Trinidad,
que has venido a nuestro Valle! Amén.


RUFINO MARÍA GRÁNDEZ, capuchino 

sábado, 31 de diciembre de 2016

Spaemnn y su meditación de los salmos

Robert Spaemann


Filósofo

 Se formó en Colonia. Estudió en Münster, Múnich, París y en el Friburgo suizo.
N. Berlín, 5 de mayo de 1927


Robert Spaemann es un personaje de biografía fascinante. Hijo de un matrimonio radicalmente ateo que, sin embargo, a los pocos años de nacer él se hicieron católicos. Y lo hicieron con tal convicción, que él, el padre de Robert, se hizo sacerdote después del fallecimiento de su esposa. Así que Robert vivió desde sus 15 años como hijo de un sacerdote católico. En los 90 leí con no poco asombro una de sus primeras obras traducidas al español: "Felicidad y benevolencia", en que aborda la siempre escandalosa imposibilidad que parece encontrar el hombre para unir el ser bueno y ser feliz. Llegué a conocerle cuando vino a Pamplona a recibir el doctorado honoris causa. En su discurso de recepción comenzó planteándose si era buena señal para un filósofo en estos tiempos recibir las alabanzas de la opinión pública, o era más bien la señal de haber sido domesticado por el pensamiento dominante... Así ha sido siempre: libre, completamente libre.
Estas meditaciones sobre los salmos, del 1 al 50, revelan una profundidad teologal que no siempre se espera de un filósofo. Cada meditación es una exégesis, que partiendo del sentido literal-histórico del salmo, hace luego una lectura en Cristo y la Iglesia; lectura que ilumina a su vez la belleza del salmo, haciéndola más amplia, más universal, más cercana a nuestra propia experiencia. Si hubiera que descubrir alguna huella -en un libro en que las citas de otros autores son escasas- se ve la de Benedicto XVI, con quien trató a menudo, y del que aprendió a pasar de la filosofía a la teología.
Gran libro.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Zaqueo. Ponerse al alcance de su mirada

(30 octubre 2016 30 To c)

"Entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: «Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.» Él bajó en seguida y lo recibió muy contento.
Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.» Pero Zaqueo se puso en pie y dijo al Señor: «Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.» Jesús le contestó: - «Hoy ha sido la salvación de esta casa..."
(Del santo evangelio según san Lucas 19, 1-10)
Historias de pecadores santos
Hoy el evangelio de San Lucas no nos presenta como últimamente una parábola, sino un suceso real de la vida del Señor: su encuentro con una persona singular llamado Zaqueo. Bien podríamos ser cualquiera de nosotros.  Se nos explica que era "jefe de publicanos". Ya hemos visto que los publicanos eran empresarios locales que se dedicaban a la recaudación de los impuestos por parte de los romanos. También san Mateo tuvo ese oficio. Además de lo odioso de su profesión, muchos de los que se dedicaban a ella eran corruptos o tenían conductas que hoy llamaríamos mafiosas. No tiene, pues, nada de extraño que se les considerase pecadores públicos. Pero también se nos dice en el evangelio que muchos de ellos se acercaron a escuchar al Señor y se sintieron removidos y esperanzados; de modo que alguna vez Jesús les advirtió a los fariseos: "Mirad: los publicanos y las prostitutas os preceden en el Reino..."
Precisamente hoy se nos cuenta una conversión de esas. Una conversión que arranca del encuentro con Jesús, un encuentro -por lo demás- casual, pero que aquel hombre no deja escapar. Yo al leerlo pensaba en nosotros, en las muchas veces que tal vez Jesús pasa muy cerca –espiritualmente hablando-, pero no lo aprovechamos. Nos invitan a hacer un retiro espiritual, por ejemplo, o a mantener una charla con un sacerdote, o a leer el evangelio, y ¿lo aprovechamos? Me temo que no siempre. No somos muy diligentes en las cosas de nuestra alma; y eso que son las únicas definitivas… Esos son los pecados de omisión de los que nos acusamos al comienzo de la misa, pecados que no consisten en hacer algo malo, sino de no hacer lo que sería nuestra salvación.
Ponerse al alcance de su mirada
Este hombre, Zaqueo, siente una curiosidad que luego se demuestra espiritual, interior. No una mera curiosidad vana o distante: “quería conocer a Jesús”, dice el evangelio… Su sorpresa fue que Jesús también conocerlo a él. Mejor: que Jesús le conocía. Cuando uno está en un concierto o un evento público y ve a los protagonistas, se emociona por su ídolo, pero sabe que él no es nadie para que su ídolo le hable y menos aún que le reconozca. A lo más, se acerca y le pide un autógrafo. El personaje tal vez le dice: ¿Cómo te llamas? Y el afortunado dice: ¡Le he tocado..! Aquí, en cambio, Zaqueo se da cuenta de que Jesús le conoce. Jesús nos conoce, sabe qué nos ocurre, qué nos pasa. Sólo está esperando a que le mires para decirte: deja que me hospede contigo, que tenemos que hablar.
Venir a ver a Jhs... A esta con él, a dejar que te mire y hable contigo. Y que te pueda decirte: "Hoy ha llegado la salvación a esta casa", a este corazón.