domingo, 31 de mayo de 2020

Pentecostés

¡Oh llama de amor viva, 
que tiernamente hieres 
de mi alma en el más profundo centro!; 
pues ya no eres esquiva, 
acaba ya, si quieres; 
rompe la tela de este dulce encuentro. 

¡Oh cauterio suave! 
¡Oh regalada llaga! 
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado!, 
que a vida eterna sabe 
y toda deuda paga; 
matando, muerte en vida la has trocado. 

¡Oh lámparas de fuego, 
en cuyos resplandores 
las profundas cavernas del sentido, 
que estaba oscuro y ciego, 
con extraños primores, 
calor y luz dan junto a su querido! 

¡Cuán manso y amoroso 
recuerdas en mi seno, 
donde secretamente solo moras, 
y en tu aspirar sabroso 
de bien y gloria lleno, 
cuán delicadamente me enamoras! Amén. 

S. Juan de la Cruz

sábado, 30 de mayo de 2020

¿Por qué María de Nazaret?

Durante este mes de mayo, la parroquia me invitó a que publicara en Youtube algunas pláticas doctrinales, que suplieran durante el confinamiento la formación que recibimos en las homilías y otros encuentros catequéticos de adultos. Esta es la cuarta y última de la serie, que he dedicado a nuestra Madre Santa María. Quería en ella intentar responder a una doble pregunta que nos podemos hacer. Primera, por qué tiene tanta importancia en la Iglesia y en la vida de cada uno la Virgen María. La segunda -un poco más atrevida-, por qué escogió Dios a María entre todas las mujeres.

lunes, 25 de mayo de 2020

En la Ascensión del Señor a los cielos

2020 Fiesta de la Ascensión del Señor

Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? 
Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos.Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo. 
(Del libro de los Hechos de los apóstoles, cap. 1)

Queridos amigos: ¡me alegro muchísimo de veros de nuevo después de estos meses de cuarentena! No nos hemos visto, pero Jesús, como acabamos de escuchar en la lectura del evangelio, ha seguido entre nosotros: "yo estaré con vosotros siempre, hasta el final de los tiempos".  Ha seguido Jesús aquí en el sagrario, donde le hemos acompañado todo el tiempo. Y cuando, sin vosotros, celebrábamos a solas la eucaristía, nos consta que estabais todos intensamente presente junto a nosotros. Y creo que también ha estado en vuestro hogares como nunca.


Hoy conmemoramos la ascensión al cielo de Jesús; de la carne glorificada del Señor resucitado ("tocadme y daos cuenta de que no soy un fantasma", les dice en el cenáculo) a la diestra del Padre -al centro del misterio divino, de donde procedía-, para estar ya siempre allí intercediendo por nosotros, sus hermanos en la tierra. Esa carne, ese cuerpo de Cristo, que en breve estará también entre nosotros, sobre este altar.

 El relato del libro de los Hechos de los Apóstoles dice que ocurrió cerca de Jerusalén (aún se conserva allí la tradición del lugar preciso), y que estuvo precedido de una comida junto al centenar de discípulos que lo presenció. Y que en ese último coloquio le hicieron esta pregunta, llena al la vea de deseo: "¿Es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?". Querría ahora meditar sobre esta pregunta y la respuesta, aparentemente evasiva, de Jesús: "No os toca saber la hora preparada por el Padre para ese acontecimiento..."

Como los discípulos,  nuestro corazón le pregunta a menudo: ¿Es ahora cuando vas a restaurar el Reino? ¿Es ahora cuando vas a reinar en la historia, para siempre, cuando vas a cumplir tus promesas? Se te ha dado todo poder en el cielo y en la tierra ¿Por qué no actúas ahora, ya? Por qué aún tiene el mundo -y tu Iglesia- que debatirse en el conflicto continuo del bien y el mal? Podrías hacerlo. Sería un consuelo para nosotros, un descanso en esta lucha del bien y el mal. O, mejor, del mal contra el bien. En el mundo y también dentro de mi mismo…

Jesús les responde -y nos responde a nosotros-: “No os toca por ahora saber los planes del Padre…” ¡Vosotros no siempre sabéis mi mente, la hondura de mi bondad, ni de mi sabiduría!
Y desconocéis también vuestra grandeza: la grandeza de vuestra misión en la historia, de la que vais a ser protagonistas: “Recibiréis el Espíritu Santo…”, que os transformará, que os convertirá en mis testigos y mis manos y mi voz en la historia y en sus logros y fracasos: seréis mis testigos por generaciones y generaciones. Pues Dios quiere que el cielo -que es el mundo redimido y glorificado por su presencia- se llene. Y nosotros somos los protagonista de esa aventura, que comenzó con la creación del hombre.

Nosotros querríamos siempre que Dios terminara ya con los problemas y reinara, porque somos impacientes respecto a lo bueno. Dios en cambio quiere que la historia se desarrolle, que se llene de hijos suyos, aunque eso suponga también que el mal se multiplique de algún modo , como en la parábola del trigo y la cizaña. Querríamos que Él lo hiciera todo ya; ya y del todo, con su poder. Él  en cambio quiere que lo hagamos nosotros con responsabilidad y amor, porque para eso nos creó a su imagen y semejanza. Por eso, "recibiréis el Espíritu santo, que descenderá sobre vosotros, y así seréis mis testigos..."

"Recibiréis el Espíritu santo…" Dejémonos llenar, no nos distraigamos. Le recibimos especialmente en los sacramentos, ahora que podemos hacerlo. Tal vez con más ganas que nunca.

Pero así como el agua de la lluvia se puede recibir con un paraguas o dejándose empapar, así también a nosotros, ese don que Jesús hizo a todos diez días más tarde (y que nosotros actualizamos en la Confirmación. Es preciso que esta semana, junto a María, digamos de corazón, con sinceridad: "Ven, oh, santo Espíritu. Llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor"

miércoles, 15 de agosto de 2018

San Ambrosio: el alma de María

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(Todo el que cree, como María, concibe y da a luz al Verbo de Dios y proclama sus obras)

Que resida, pues, en todos el alma de María, y que esta alma proclame la grandeza del Señor; que resida en todos el espíritu de María, y que este espíritu se alegre en Dios; porque, si bien según la carne hay sólo una madre de Cristo, según la fe Cristo es fruto de todos nosotros, pues todo aquel que se conserva puro y vive alejado de los vicios, guardando íntegra la castidad, puede concebir en sí la Palabra de Dios. 

El que alcanza, pues, esta perfección proclama, como María, la grandeza del Señor y siente que su espíritu, también como el de María, se alegra en Dios, su salvador; así se afirma también en otro lugar: Proclamad conmigo la grandeza del Señor. 

(Del Comentario de san Ambrosio, obispo, sobre el evangelio de san Lucas)

SAN ABROSIO DE MILÁN (Tréveris 340-Milán 397)
Ambrosio procedía de una noble familia cristiana, pero no estaba bautizado. Su padre Aurelio Ambrosio era prefecto de la Galia Narbonense. A la temprana muerte de su padre, su madre lo llevó a Roma, siendo todavía un muchacho, y lo preparó para la carrera civil, proporcionándole una sólida instrucción retórica y jurídica.

También estaba previsto que Ambrosio se convirtiera en funcionario imperial. En el lugar de Roma en que vivía con su hermana Marcelina, hoy en día se alza la iglesia de Sant’Ambrogio della Massima. Finalmente acabó trabajando en Sirmio bajo el prefecto Sexto Petronio Probo, una de las personalidades más relevantes del momento, que hacia 372 le encomendó la provincia Aemilia-Liguria (Emilia y Liguria). La sede de la provincia estaba en Milán, que por aquel entonces también era residencia imperial.

La diócesis de Milán, como toda la Iglesia, estaba profundamente dividida entre católicos y arrianos. En el año 374, tras la muerte de Auxentius, un arriano, el prefecto, muy respetado por todos, acudió personalmente a la basílica, donde se iba a celebrar la elección, para impedir cualquier conato de rebelión. Según la tradición, su discurso fue interrumpido por el grito de un niño: Ambrosius episcopus!

Años más tarde, fue mentor del entonces joven rétorico Austin, futuro San Agustín de Hipona, que se convirtió oyendo sus sermones.




jueves, 9 de agosto de 2018

Juan Pablo II: ¿Es posible una praxis pastoral contraria a la ley moral?





"Algunos autores, queriendo poner de relieve el carácter creativo de la conciencia, ya no llaman a sus actos con el nombre de juicios, sino con el de decisiones. Sólo tomando autónomamente estas decisiones el hombre podría alcanzar su madurez moral. No falta quien piensa que este proceso de maduración sería obstaculizado por la postura demasiado categórica que, en muchas cuestiones morales, asume el Magisterio de la Iglesia, cuyas intervenciones originarían, entre los fieles, la aparición de inútiles conflictos de conciencia. Algunos han propuesto una especie de doble estatuto de la verdad moral. Además del nivel doctrinal y abstracto, sería necesario reconocer la originalidad de una cierta consideración existencial más concreta. Ésta, teniendo en cuenta las circunstancias y la situación, podría establecer legítimamente unas excepciones a la regla general y permitir así la realización práctica, con buena conciencia, de lo que está calificado por la ley moral como intrínsecamente malo. De este modo se instaura en algunos casos una separación, o incluso una oposición, entre la doctrina del precepto válido en general y la norma de la conciencia individual, que decidiría de hecho, en última instancia, sobre el bien y el mal. Con esta base se pretende establecer la legitimidad de las llamadas soluciones pastorales contrarias a las enseñanzas del Magisterio, y justificar una hermenéutica creativa, según la cual la conciencia moral no estaría obligada en absoluto, en todos los casos, por un precepto negativo particular.
Con estos planteamientos se pone en discusión la identidad misma de la conciencia moral ante la libertad del hombre y ante la ley de Dios. 

(Veritatis splendor, 6 agosto 1993, nn. 55 y 56. )


viernes, 3 de agosto de 2018

Pena de muerte en el Catecismo de la Iglesia católica

Esta es la versión de 1995 (que modificaba, a su vez, ligeramente la primera versión, que constaba en la primera edición del Catecismo de la Iglesia católica de 1992), publicado bajo la autoridad magisterial de san Juan Pablo II:

n. 2267 “La enseñanza tradicional de la Iglesia no excluye, supuesta la plena comprobación de la identidad y de la responsabilidad del culpable, el recurso a la pena de muerte, si esta fuera el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas. Pero si los medios incruentos bastan para proteger y defender del agresor la seguridad de las personas, la autoridad se limitará a esos medios, porque ellos corresponden mejor a las condiciones concretas del bien común y son más conformes con la dignidad de la persona humana.
Hoy, en efecto, como consecuencia de las posibilidades que tiene el Estado para reprimir eficazmente el crimen, haciendo inofensivo a aquél que lo ha cometido sin quitarle definitivamente la posibilidad de redimirse, los casos en los que sea absolutamente necesario suprimir al reo «suceden muy rara vez, si es que ya en realidad se dan algunos”

Y esta es la modificación que ha introducido el papa Francisco:


2267. Durante mucho tiempo el recurso a la pena de muerte por parte de la autoridad legítima, después de un debido proceso, fue considerado una respuesta apropiada a la gravedad de algunos delitos y un medio admisible, aunque extremo, para la tutela del bien común.
Hoy está cada vez más viva la conciencia de que la dignidad de la persona no se pierde ni siquiera después de haber cometido crímenes muy graves. Además, se ha extendido una nueva comprensión acerca del sentido de las sanciones penales por parte del Estado. En fin, se han implementado sistemas de detención más eficaces, que garantizan la necesaria defensa de los ciudadanos, pero que, al mismo tiempo, no le quitan al reo la posibilidad de redimirse definitivamente.
Por tanto la Iglesia enseña, a la luz del Evangelio, que «la pena de muerte es inadmisible, porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona»[1], y se compromete con determinación a su abolición en todo el mundo.

[1] Francisco, Discurso del Santo Padre Francisco con motivo del XXV Aniversario del Catecismo de la Iglesia Católica, 11 de octubre de 2017: L’Osservatore Romano, 13 de octubre de 2017, 5.

Y aquí, la explicación de la Sagrada Congregación para la doctrina de la fe, en escrito de su Prefecto, Mons. Luis Ladaria: 

“La nueva redacción del n. 2267 del Catecismo de la Iglesia Católica, aprobado por el Papa Francisco, se sitúa en continuidad con el Magisterio precedente, llevando adelante un desarrollo coherente de la doctrina católica”. Indica también que la nueva formulación “quiere ser un impulso para un compromiso firme, incluso a través de un diálogo respetuoso con las autoridades políticas, para que se favorezca una mentalidad que reconozca la dignidad de cada vida humana y se creen las condiciones que permitan eliminar hoy la institución jurídica de la pena de muerte ahí donde todavía está en vigor”. 

lunes, 9 de julio de 2018

LA IGLESIA PREDICA Y ENSEÑA AL UNÍSONO

La Iglesia, pues, diseminada, como hemos dicho, por el mundo entero, guarda diligentemente la predicación y la fe recibida, habitando como en una única casa; y su fe es igual en todas partes, como si tuviera una sola alma y un solo corazón, y cuanto predica, enseña y transmite, lo hace al unísono, como si tuviera una sola boca. Pues, aunque en el mundo haya muchas lenguas distintas, el contenido de la tradición es uno e idéntico para todos.
Las Iglesias de Germania creen y transmiten lo mismo que las otras de los íberos o de los celtas, de Oriente, Egipto o Libia o del centro del mundo. Al igual que el sol, criatura de Dios, es uno y el mismo en todo el mundo, así también la predicación de la verdad resplandece por doquier e ilumina a todos aquellos que quieren llegar al conocimiento de la verdad.
En las Iglesias no dirán cosas distintas los que son buenos oradores, entre los dirigentes de la comunidad (pues nadie está por encima del Maestro), ni la escasa oratoria de otros debilitará la fuerza de la tradición, pues siendo la fe una y la misma, ni la amplía el que habla mucho ni la disminuye el que habla poco.

(San Irineo de Lyon Adversus haereses)



Nacido en Esmirna, Anatolia (actual Turquía), Ireneo fue uno de los discípulos —considerado el mejor de todos— del obispo de Esmirna, Policarpo, discípulo, a su vez, del Apóstol Juan. Policarpo lo envió a las Galias 
Sucedió a Potino en la sede episcopal de Lyon desde el 189 e intervino ante el obispo romano Víctor (190), para que no separara de la comunión a los cristianos orientales que celebraban la Pascua el mismo día que los judíos. No se tiene certeza sobre la fecha de su muerte, pero se estima ocurrió entre el año 202 y el 207.