sábado, 20 de octubre de 2012

Misioneros


 Domund 2012
Hoy es el Domund, el día de las misiones, el día que recordamos a esos héroes anónimos que han dedicado su vida real, la que no tiene vuelta atrás, a difundir la fe por el mundo: “id a todo el mundo, predicad la buena nueva”, dijo Jhs
Es misión de la Iglesia, pero ellos son los misioneros, los “enviados”, que eso significa la palabra misionero. Todos fuimos “enviados” por Jhs, como él fue “enviado” por el Padre. Él se “comprometió” del todo: se hizo hombre y dio su vida por nosotros.
Nosotros somos “enviados” al mundo, adonde quiera que vayamos y estemos. Pero desde el principio la Iglesia enviaba a algunos a lugares nuevos: “’segregadme a Saulo y Bernabé para la tarea que les he destinado’. Oraron y ayunaron sobre ellos, les impusieron las manos y los despidieron”.
Y lo continua haciendo ahora. 14.000 compatriotas nuestros. Son pocos. “La mies es mucha, pero los obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies”. Hoy lo hacemos. Y les ayudamos también con nuestra limosna.
Me han dicho –y es cierto- que algunos países financian la expansión de la religión musulmana, que nuestros hermanos protestantes… Los nuestros no necesitan gran cosa, no quieren lujo ni grandes construcciones (he tenido la oportunidad de verlo en kenia o en Egipto), pero sí algo necesitan para atender a los demás. Y cuanto más, más cosas podrán hacer. Seamos generosos, como siempre.
Pero el Papa nos ha convocado a una Nueva Evangelización. Incluso ha convocado un Sínodo para ver cómo evangelizar de nuevo, cómo evangelizar a los que ya fueron evangelizados, pero el mensaje se ha difuminado, debilitado, confundido, perdido… como las ruinas de una noble civilización. Templos de Baalbeck, en la Bekaa, o las pirámides.
Cristo no muere, porque su templo son los corazones, las mentes, la vida ardiente de los santos cristianos… pero sí se apaga en los corazones, deja de transmitirse su luz, su sal. En nuestra generación (dicho sea sin alarmismos, porque los motivos no son simples, sino muy complejos) no hemos podido o sabido hacerlo. Por lo que sea, es igual.
"Id a todo el mundo". ¿Cómo puedo evangelizar el arte, la economía, la convivencia, la abogacía, el trabajo del hogar?
Supongo que lo primero es que me deje evangelizar yo por el Señor en todas mis actividades, y en mis pensamientos, en mis distracciones o diversiones, en mis estudios… Luego, que deje de tener miedo a testimoniar -que no es imponer ni agobiar- con un testimonio alegre, profundo, con razones, con amor, con calor, con amor, con caridad, con entrega, pues, como dice el evangelio de hoy, el hijo del hombre no ha venido a servirse de nos para su “triunfo”, sino a servirnos para que triunfemos del mal.
Señor, aquí me tienes, envíame a mi.