jueves, 23 de julio de 2015

Venid y descansaréis un poco

(19 de julio 2015 Dom 16 TO)

Le contaron lo que habían hecho
Como os decía, este capítulo 6 del evangelio de san Marcos es especialmente bonito, porque nos recuerda el primer envío que hizo Jesús de aquellos 12. De ahí hasta nuestros días ¡cuántos "envíos"! Como vosotros mismos. No eran aquellos muy diferentes, y puede que sintieran un cierto vértigo. Hoy, sin embargo, nos narran su regreso, y cómo le cuentan lo que les ha sucedido. En otros evangelistas el relato refleja el entusiasmo que sentían: "hasta los demonios se nos sometían en tu nombre...!", le dicen asombrados. Y yo pensaba si nuestra oración no podría también ser así, porque a menudo me parece que es rutinaria, obsesiva con lo nuestro, carente de alabanza y de emoción. De todo ha de haber, pero me gustaría que fuese así, de amigo que comparte. Quizá la oración no llegue a ser verdadera hasta que no lleguemos a esa confianza, a ese realismo del trato con él.


"Venid y descansad"

A mi me gusta también especialmente ese detalle del Señor, que les invita a descansar, a ir con él a un lugar grato y descansar, pasar la tarde tal vez. ¡Qué humano es Dios, hasta nos ordena el descanso! Les invita a un descanso "con él". Quizás un descanso sin Dios no sea un verdadero descanso (un descanso en el que uno deja todo y a todos, y va a lo suyo o a nada: a pasar de todo y pensar sólo en sí mismo); eso sería más bien un egoísmo programado, o un simple abandono de nuestros deberes… 
"Venid vosotros solos..." : Él nos invita a un descanso como el suyo: se preocupa de ellos y les atiende. Tal vez eso sea un descanso como el suyo: ocasión para ocuparse más de tus amigos, de tu familia, de su descanso, de su formación. Tengo un amigo que comenzó sus vacaciones mandándome fotos tirándose al mar desde unas rocas con sus hijos, pero últimamente sólo me manda selfies desde una hamaca...


Al desembarcar, vio una muchedumbre esperando

Luego está la segunda parte del evangelio, donde nos dice cómo al llegar se encontró con que una pequeña multitud que le estaba esperando… Como un perrillo a su amo. Le quieren, le necesitan. A Jesús le viene al recuerdo un texto de un escritor profeta, que hemos leído en la primera lectura: ¡se encuentran como ovejas sin pastor! Y se pone a enseñarles, se olvida de su cansancio, o desaparece, porque está con ellos y los quiere.  No hace mucho hablábamos de los buenos pastores, pero hoy podríamos fijarnos también en esas "buenas ovejas", que buscan al Señor, que hacen el esfuerzo de ir, de pedir mudamente el alimento de la palabra, de la sonrisa con que le reciben y la alegría con que le escuchan, que les hace olvidarse incluso de comer. Buscan la palabra incluso antes que el pan; ha aprendido que no sólo de pan vive el hombre, cosa que es una gran verdad, y no simple poesía: la satisfacción de lo material no siempre nos hace mejores, al menos no necesariamente. En cambio, el pan de vida -y que garantiza para todos el otros pan- es el del alma, es la bondad, el espíritu de justicia, el perdón y el pedir perdón… "El Señor es mi pastor, nada me falta..." Por su parte no hay duda. Pues que nosotros le nombremos y le hagamos realmente pastor nuestro, maestro, médico y amigo. Que muchas veces al día realicemos esa comunión espiritual.

jueves, 16 de julio de 2015

En el Día de la madre

(3 de mayo 2015. Día de la madre)


Madres
Este domingo se dedica a una figura muy pascual, que es la del Buen Pastor. Daría para mucho, pero quisiera hablar de las madres, aunque esto del "Día de la Madre" sea una especie de conmemoración civil, o incluso más que nada comercial... Pero es que veo la maternidad como una especie de sacramento natural: transmitir la vida y custodiarla. También el varón la transmite, desde luego, pero la madre no sólo la transmite: la gesta, la custodia, la alimenta: es imagen viva de Dios, que es padre y es madre (De Dios sólo se nos ha dado la imagen masculina, de padre, pero no hay que olvidar que ninguna imagen divina es suficiente, y él desde luego tiene corazón y alma de madre). La maternidad es un sacramento natural, porque hace físico el don divino y concreta una gracia de Dios, un don suyo. En realidad, cuando una madre acaricia o alimenta a su criatura, o le tapa, cuando le enseña a hablar o a caminar, cuando le protege, le educa… es Dios el que lo hace a través de ella. Por eso la maternidad es una vocación divina, es imprescindible: él mismo necesitó una Madre, María. Y desde entonces no es sólo vocación divina, sino concretamente cristiana, pues todas lleváis a Cristo en vuestro seno, al discípulo de Cristo. Por eso la Iglesia prohíbe tan duramente entre sus miembros las prácticas abortivas. Y también por eso da tanta importancia al matrimonio, y es tan suspicaz con una maternidad más o menos artificial. Pero, sobre todo, por eso confía tanto en las madres como transmisoras del evangelio y de la fe. Si la fe y el evangelio no están en el corazón y en la vida de la madre, es muy difícil que se transmita a la generación siguiente. La ‘ausencia’ del padre deja huella, pero la ausencia de la madre es letal.

Felicitar a María 
Así que felicitamos a las madres, ¡claro que sí! Y le regalamos algo, si podemos, un detalle (aunque el mejor regalo es el respeto, el cariño, la ayuda, la obediencia, el afecto).También hoy hacemos un regalo a la madre de Jesús, que realmente lo es también nuestra. 
Comienza el mes de mayo. A la Virgen le gustan los mismos tipos de regalos, el mismo tipo de flores que a las madres: el diálogo, el cariño, las palabras bellas y sinceras. La oración. Pero la oración que parece que le gusta más es el santo Rosario, o rosaleda. Contiene –de modo reiterado y como un salmo- la oración de Jesús, el saludo angélico, la glorificación de la trinidad, mientras se medita los misterios de la vida del Señor… El rosario ha sido muy amado por la Virgen santísima; de ninguna práctica de piedad ha dicho cosas semejantes a las que ha dicho respecto al rosario. Podríamos probar a rezarlo más. Alguna vez me dicen que resulta aburrido, y realmente pienso que si uno se aburre con el rosario es más problema suyo que del rosario...

miércoles, 15 de julio de 2015

San Benito y la cultura europea

(domingo 12 de julio 2015. Memoria de san Benito de Nursia)

Un patrón casi desconocido
Aunque estemos celebrando con los textos del domingo xv del tiempo ordinario, ayer, 11 de julio, fue la fiesta de san Benito de Nursia, y querría hablaros de él. Es posible que sólo lo conozcáis -en el mejor de los casos- como fundador de la orden monástica de los Benedictinos o lo relacionéis con la famosa abadía de Monte Cassino. Pero yo querría haceros alguna consideración sobre su persona y vida, porque, además de todo lo anterior, es patrón principal de Europa. Puede resultarnos un tanto chocante que un monje sea el patrón de Europa esa Europa que nos hace pensar enseguida en la Unión Europea, Bruselas ,tipos vestidos de traje y saludándose en las continuas reuniones de ministros o cumbres de primeros ministros, en la actualísima crisis griega o en la imagen espléndida de la sala de reuniones del Parlamento europeo. Tal vez por eso nos preguntamos qué tiene que ver con eso un monje del siglo V.Y sin embargo Europa no existiría sin ese monje, y hasta es posible que deje de existir sin él; al menos lo que hemos conocido y celebrado como el proyecto político más interesante de la historia, o uno de los más.

Benedicto o san Benito fue un joven romano nacido el 480 en una familia patricia y formado en las mejores escuelas de retórica (o abogacía). Si me entendéis, era un pijín, y también algo calavera. En esa época imagino que un cuarto de la población -de dos millones- de Roma era cristiana Tenía una personalidad tremendamente atrayente para sus amigos y conocidos. En un momento determinado de sus veinte años decide marcharse de la ciudad y vivir solitariamente como un ermitaño, cerca de otro ermitaño anciano y con fama de hombre santo. No sabemos exactamente cómo fue la crisis espiritual que le movió a dar ese paso, tal vez comprobar con tedio y con auto reproche que su vida, siendo él bautizado, no se distinguía en nada de sus amigos más crápulas. El caso es que decidió apartarse de la urbe para vivir en soledad, como los anacoretas y santos raros.

Un giro decisivo en el cristianismo europeo
Al principio estuvo solo, pero ocurrió con él algo que había pasado con otros santos del desierto: que venía gente a él para aprender. Lo original, sin embargo es que muchos eran antiguos amigos y conocidos. Así se formó en torno a él una comunidad, pero con una novedad: Benito no era un tipo raro, y orientó la vida en común más a la convivencia que al aislamiento, más a la oración que a las penitencias, más al trabajo -de la tierra o intelectual- más que al abandono. Logró reunir en torno a él a lo mejor, como hoy pasa con la Aguilera y otras religiosas un grupo de gente alegre, valiosa y unida por un sentido de camaradería y fraternidad, y también con un vivo deseo de santidad. Benito consiguió una novedad notable en ese tipo de vida: regularla, armonizarla, humanizar ese fenómeno. Escribió un -o Regla- lleno de sentido práctico. Así encauzó definitivamente el monacato, todos aquellos movimientos anteriores, asombrosos pero también podríamos decir que "raros", con una espiritualidad basada tal vez en exceso en la soledad y en la autodisciplina ascética.  Benito convirtió a sus amigos en un grupo de gente gente feliz, que rezaba, cantaba, cultivaba la tierra y la mente y la convivencia.
En aquella experiencia se basarían a partir de entonces -y hasta hoy- todas las variantes de la vida religiosa en común. Tuvo tanto éxito que en pocos siglos europa se llenó de estos monasterios; se trata de bastantes miles, y fueron en general eran respetados por todos, incluso por las sucesivas invasiones devastadoras de normandos, asiáticos como los hunos o tártaros, o los almorávides. Así, en esas comunidades, que contaban a menudo con centenares de miembros, se formaron multitud de hombres y mueres, se conservó la cultura, y no sólo a base de los, sino encarnada en gente feliz y civilizadora, poseedora en general de una profunda y sincera vida espiritual. Así nació el aglutinante que constituiría el espíritu de Europa: respeto a la cultura, espíritu de oración, progreso y divulgación de la ciencia, respeto a la vida, transmisión de la cultura clásica, nuevas formas musicales y estructurales en la arquitectura. A ellos se debió el mantenimiento de la fe como se nos ha transmitido, en los pueblos y en los reyes, y pusieron la base de la vida espiritual como la conocemos.

¿Hemos abandonado la cultura?
¡De veras que aquí -como se ha dicho en otros ámbitos- somos pigmeos sobre hombros de gigantes!: Lo que nos parece grandeza nuestra se lo debemos en buena medida a los que nos han precedido, incluso en lo espiritual. Ojalá no perdamos los católicos ese espíritu de "amor a la cultura". Está claro que para llegar a ser un buen cristiano no todo el mundo tiene que llegar a ser super culto, o tener una vida espiritual y mística como santa Hildegarda; pero es una lástima que los católicos no seamos actualmente demasiado relevantes en la vida cultural ni, como consecuencia, en la vida pública. Todos estudiamos ADE (lo digo un poco en broma) y está bien; pero ¿por qué no tener un gran amor a la cultura (que lleva a Dios, no lo olvidemos)? Tal vez la despreciamos, o suponemos que ya otros la cultivarán. No olvidéis, además, que la fe tiene mucho que ver también con el derecho, la filosofía, el arte, la ciencia… Yo diría que todos deberíamos sentir deseo de estudiar, de saber, de conocer. La cultura hizo grande a Europa y la convirtió en instrumento de evangelización de todo el mundo. Hoy, que leíamos en un capítulo del evangelio de san Marcos el primer envío de discípulos que hizo el Señor, es un buen día para tomar conciencia de nuestro propio envío al mundo. Ellos eran gente corriente como vosotros, no diferentes a los que os sentáis aquí delante; y llevaron adelante la misión. El cristianismo se hizo desde entonces cultura de cada cultura, pero no olvidemos que la primera en que se materializó fue la europea. 

martes, 7 de julio de 2015

"Yo soy el buen pastor"

(25 de abril. 4 dom de Pascua)

El icono de buen pastor
Jesús usó diversas formas de expresar su identidad y su misión. Por ejemplo, dijo que él era la luz del mundo. También dijo que era el pan de vida. Prestar atención a esas fórmulas de auto definición, y entender por qué las usa, y meterlas en nuestra cabeza, nos cambia, nos salva; como toda su palabra. La palabra del Señor no es sólo explicación, sino explicación que abre la mente y el corazón, lo cambia de modo de ver y pensar, y así lo salva. "La palabra que os salva...", dice san Pablo en una de sus cartas.
Hoy hemos escuchado esta nueva comparación. Él dice: "yo soy pastor, el buen pastor" –matiza-, ya que, según explica luego, hay pastores y pastores. Intentemos entender. ¿Qué esperaba la gente? Tal vez un rey, un gran maestro, Profeta. Sí, pero él prefería esta imagen: pastor. El pastor guía, cuida, defiende, da alimento. La imagen de un rebaño destrozado servía a Israel para verse a sí mismo en el peligro a que le sometían los imperios de alrededor. Entonces el salmista canta: "El Señor es mi pastor, nada me falta, no tengo miedo. Por eso, cuando Jesús dice "yo soy el buen Pastor", es como si dijera: soy el pastor que Dios os envía. El de verdad, no un mercenario, yo no trabajo a sueldo, sino que veo las ovejas como mías, las conozco una a una, voy delante, doy la vida por ellas…. Y mis ovejas oyen mi voz y la reconocen y me sigue. No así con los extraños. Jesús: yo quiero tenerte por pastor, quiero escuchar tu voz, dejarme conducir por tu ley, por tu amor.

La presencia actual del buen pastor
Por eso, cuando los apóstoles y sus sucesores recibieron el encargo, el testigo de su potestad, sabían que debían ser como espejo y presencia del Buen Pastor. De ahí el signo del báculo de pastor , y que su labor se llame pastoral. Alimentan, cuidan, protegen, curan… hasta dar su vida. Me impresionó lo que decíaen una entrevista , regresando a Siria, hace unos días el obispo de Alepo: "Yo moriré aquí, junto a mi rebaño".
"Apacienta mis ovejas", pidió Jesús a Pedro. Fue después de la resurrección, junto al lago: "Simón,¿me amas?" Entonces, apacienta mis ovejas. Cuando eras joven ibas y venías. Amemos mucho a nuestros obispos y al santo Padre, siempre. Además, todos necesitamos el pastoreo; nadie es autosuficiente espiritualmente hablando, nadie puede decir: no necesito del Buen Pastor, yo soy mi propio pastor. Es una ingenuidad. En la vida social es posible que seas importante. Puede ser que tengas la responsabilidad directa y no tengas que dar cuenta a nadie. Pero en la vida espiritual somos siempre pequeños, siempre necesitados. Buscad la ayuda del buen pastor siempre, incluso personalmente. Todos lo necesitamos: nosotros también. Y procurar también serlo vosotros para otros, participar de ese carácter claro y dulce a la vez, recto, que no se busca a sí mismo, que no se escuda en la libertad del otro, aunque la respete siempre.

Paro

(19 de abril)
Hoy nos pide Caritas que hagamos campaña de sensibilización sobre uno de los mayores dolores morales que pueden sufrir las personas: el paro, la imposibilidad de trabajar. También nos piden que demos a conocer como esta organización contribuye a paliar el problema y ofrezcamos la colecta de hoy por ellos. Lo haremos gustosamente.

El trabajo en la Biblia
No encontramos en el Evangelio referencias morales a este problema, lógicamente; aunque en una parábola se habla de  un propietario que sale a contratar, porque hay mucho que hacer y la gente está parada en la plaza. Pero el objeto de aquella parábola es otro; intenta explicar la generosidad con que Dios retribuye a todos por igual. En cambio, sí que aparece en la Biblia una referencia importantísima al trabajo, desde el principio: Dios crea al hombre para que custodie y trabaje su don, el Paraíso. ¡Es la gran tarea del hijo pequeño de Dios, del hombre, el vicario de Dios en la tierra! El trabajo es así como parte de su dignidad, de su misión, una especie de sacerdocio natural sobre la creación, como ocurre también con la procreación. El hombre se realiza él mismo con el trabajo, refleja su ser, su bondad o su maldad; se santifica o se pudre a sí mismo y tal vez también a los demás. Por eso san Josemaría decía que el camino de santidad de un cristiano pasaba por su trabajo, y no sólo por su oración; y también que había una especie de correspondencia entre ambos, de modo que el trabajo se convertía en una especie de oración, una obra de alabanza, de culto . Así que una persona que se porta mal en el trabajo, que es mala persona, que es cuco, vago, que se aprovecha del trabajo ajeno sin contribuir él… no puede ser grato a Dios, al menos puede estar segura de que no le es grato su obrar. Por eso, también hay que analizar este aspecto al examinar la propia conciencia, también es necesario presentarlo en la confesión, por decirlo así.

Para resolver el problema paro, trabajar mejor
El trabajo es el gran medio de santificación de los cristianos que viven y están en medio del mundo. De todos los cristianos, en realidad, pero especialmente de ellos. Por eso, no poder trabajar es un verdadero dolor para los hombres. Papa Francisco, que siempre es tan claro en estas cosas de la vida corriente, dice que el paro quita la dignidad, al no poder llevar el pan a su casa. Por eso nos tiene que doler mucho que haya hermanos nuestros en esa situación, y hemos de contribuir a paliarla con todas nuestras fuerzas. Por supuesto en el caso de que los conozcamos, pero también a los que no conocemos. Ya sé que es un problema macroeconómico, y que no se resuelve con un pequeño gesto, como la colecta de hoy. Pero precisamente por eso, si todos lo tenemos presente nos puede estimular a trabajar más y mejor, a ser santamente ambiciosos en nuestro trabajo, a ser honrados, a ser moderados en los beneficios personales y retribuir con justicia y con sentido profundo de la caridad: no de cualquier modo, sino pensando más en como me gustaría que me retribuyeran a mi que en cómo está el mercado laboral o en cómo puedo zafarme de mi contribución. En definitiva, a tratar a los demás como nos gustaría que nos tratasen, y contribuir también a que la propia comunidad política y económica se plantee con valentía este problema


lunes, 6 de julio de 2015

La divina misericordia

(12 de abril 2015. Segundo domingo de Pascua, domingo de la misericordia)

Hoy es e domingo de la misericordia. Es una celebración reciente, y se lo debemos a JPII, que falleció precisamente la víspera de un domingo como este. El santo papa estaba fascinado por el misterio de la misericordia de Dios, un Dios que se apiada de la humanidad y de cada persona, que muestra su omnipotencia perdonando. La devoción concreta la había aprendido de Faustina Kowalska, a quien canonizó en abril del 2000.

La misericordia de Dios y nosotros
Misericordia es el sentimiento que nace en el corazón cuando se es testigo del dolor, del sufrimiento. Dios tiene compasión del hombre. Tiene compasión de su debilidad, de sus caídas, de sus sufrimiento… y del pecado. Y quiere que le imitemos precisamente en eso: “Sed misericordiosos como vuestro Padre celestial es misericordioso”. A nosotros normalmente nos produce compasión sufrimiento físico o moral; a Dios, también de dolor y la enfermedad espiritual. Es como las madres: nunca piensan que su hijo sea malo, y no lo pueden creer; piensan en cambio que el chico ha tenido mala influencia, que se ha juntado con otros que son malos, que me he descuidado yo, que se ha equivocado... Todo, menos que su hijo ha hecho una maldad. No digamos nada cuando vuelven arrepentidos. Pues Dios tiene corazón de madre y de padre. La Sagrada Escritura atribuye a Dios ese sentimiento de un modo a veces impresionante, como en esta conocida meditación del salmista:


El perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
el rescata tu vida de la fosa,
y te colma de gracia y de ternura;
el sacia de bienes tus anhelos.

No nos trata como merecen nuestros pecados 
ni nos paga según nuestras culpas.
Como un padre siente ternura por sus hijos, 
siente el Señor ternura por sus fieles; 
porque él conoce nuestra masa

No tengamos miedo a invocarle así: Señor, yo confío en ti, en tu misericordia, especialmente cuando queremos pedir perdón. Podemos pensar ¿y no será una petición abusiva, que favorezca el abuso? No te preocupes, que hay peligro,porque Dios ve el corazón, conoce la verdad, y si es sincera, puedes confiar siempre. 

La misericordia de Dios y la nuestra
Aunque el Señor nos pide que también seamos misericordiosos como él. Que  ya que hemos aceptado su misericordia, participemos de ella; tengamos un corazón que sepa compadecerse, ayudar, perdonar, soportar, comprender, escuchar, enseñar; en una palabra, las obras de misericordia… Llevar con paciencia los defectos del prójimo: del marido, de los hijos, de los padres, del profe, del jefe…  No ser demasiado duros en el juicio; acostumbrarnos al "tal vez", al "seguro que no se da mucha cuenta", "estará nervioso",  "es que está envenenado por el dolor"... O sea, disculpar. 
No penséis que el perdón es elusivo. El Señor nos enseñó también a corregirnos unos a otros. Pero  es que hay modos y modos, tanto de darlo como de recibirlo. Por eso, no se trata de ser blandos o siempre indulgentes (que puede ser comodidad o cobardía). Pero... hay modos: contención, modestia, respeto… y hasta simpatía puede haber en el modo de corregir. 
 El Papa ha convocado Año de la Misericordia a partir del próximo diciembre, porque quiere que se viva más desde la Iglesia. Que seamos más comprensivos, que ayudemos y no sólo juzguemos, que no apagar "el pabilo que aún humea ni terminemos de romper la caña cascada". Y siempre, que estemos con el justo que sufre: no dejar a Jesús sólo en la Cruz nunca más.

Cristo entre nosotros

(5 de abril 2015. Domingo de resurrección)


María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro; 
y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto. 
Y le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto. 
Cuando había dicho esto, se volvió, y vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús. 
Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré. 
 Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni! (que quiere decir, Maestro). 
Jesús le dijo: No me toques, suéltame.
(Del capítulo 20 del evangelio según san Juan)

Pascua de resurrección
Feliz Pascua de resurrección a todos. Hoy, hace 1985 años resucitó Jesús de Nazaret, nuestro Señor, nuestro nuestro redentor, nuestro hermano mayor. Es maravilloso este primer encuentro suyo con uno de sus discípulos: María Magdalena; es maravilloso que sea el primer encuentro que nos cuenta el evangelio. Ya lo hemos dicho otras veces: así obra Jesús, para quien no hay pequeños o grandes, al menos con los criterios que solemos nosotros usar. A lo mejor resulta que los pequeños son los grandes, los importantes. Me viene a la memoria la discusión entre los discípulos sobre quién era el más importante, y el modo de zanjarla el Señor: toma a un niño que anda rondando por ahí, lo pone en medio, lo abraza y dice: ¡éste es el más importante! Si tú te consideras grande –y tal vez lo seas en algún sentido,- y quieres serlo de verdad, hazte servidor de los demás. Ocúpate del que más te necesita, no sólo del que te interesa, o del que más admiras; ni sólo de ti mismo y tu bienestar.

Cristo vive entre nosotros
Pero no es sólo este encuentro maravilloso. Lo es también el de aquellos dos discípulos que caminaban hacia Emaús. Y también el que se produce en aquella casa alquilada del cenáculo, y el busca a Tomás, y el del lago… y el de san Pablo. ¡Todos los encuentros con Jesús resucitado son maravillosos! Cristo quiere estar en el mundo; y está. No lo vemos a nuestro gusto o capricho, pero está. Y actúa. Eso significa la resurrección, eso significa "Resucitó de entre los muertos". Para no morir: siempre vivo, siempre a nuestro lado. Es verdad que decimos también que está sentado a la derecha del Padre; pero con eso queremos decir que ahora su vida es plenamente divina, y también -tal vez- que su presencia no consiste en reinar ya sobre el mundo: no "interviene" en sentido de dominar sobre sus enemigos, o de aparecérsenos a nuestro capricho. 
"Siempre vivo" (Ep. a los Hebreos), siempre a nuestro lado: cuando lo recibes, cuando te confiesas, cuando escuchas la palabra, cuando te diriges a él... Siempre asequible. Siempre a tu lado, también cuando rezas de cualquier modo, o no pones interés en nada, o no te comportas como discípulo. También entonces te busca, como a Tomás: "Trae tu mano, métela en mi costado...".
Él, que anunció una vida nueva que daría a todo el que cree en él, entró en ella por la resurrección. Esta noche decía el párroco en su homilía: ¿Cómo vería él, desde la perspectiva de la resurrección aquella angustiosa oración de tres días atrás en el huerto? Así también nosotros pasamos por la pasión y la muerte. Y él nos dice: no tengas miedo. Se lo dijo a esos veintiún mártires egipcios que han asesinado en Libia.

El precepto pascual
No es extraño que la Iglesia haya establecido el precepto pascual, la obligación de comulgar por lo menos una vez durante este tiempo pascual, que va del domingo de resurrección a pentecostés: !comulgar al menos en Pascua Florida!, ¡Encontrarnos con él! También nosotros morimos espiritualmente, o muere él para nosotros. Resucitemos con él, vivamos de corazón esta maravillosa fiesta que se prolonga durante 0cho días. Y ayudemos a nuestros hermanos a vivirlo.