jueves, 7 de julio de 2016

EGIPTO, ENTRE EL NORTE DE ÁFRICA Y EL ORIENTE MEDIO

EGIPTO, ENTRE EL NORTE DE ÁFRICA Y EL ORIENTE MEDIO
El reto del encuentro entre iglesias en un país clave para el diálogo con el islam
Jorge Peñacoba
(Texto publicado en la revista "Palabra" julio-agosto 2016)

Icono copto de los nuevos mártires
El 15 de febrero de 2015 se publicó en internet un video con la decapitación de veintiún hombres a manos del Daesh establecido en el este de Libia. Eran trabajadores cristianos, emigrantes egipcios. Habían sido secuestrados dos meses antes. A todos ellos se les veía orar mientras esperaban la muerte. En el video se distinguía claramente las palabras de uno de ellos, Milad Saber, pronunciando el nombre de Jesús: -Ya Rabbi Yasou! (en lengua copta: Oh mi Señor Jesús), después de negarse a apostatar. Eran jóvenes campesinos procedentes de la zona del Medio Egipto, que concentra el mayor porcentaje de población cristiano copta. Milad Saber  y sus compañeros fueron canonizados como mártires por el papa Tawadros II, actual patriarca, e incluidos en el Synaxarium, el martirologio de la Iglesia copta, el día octavo del mes de Amshir (15 de febrero de aquel año) para su memoria litúrgica. Pocos días después, el papa Francisco se unía de corazón a la proclamación, hablando de ellos también como mártires, y del “ecumenismo” que implica su común veneración.

La casualidad quiso que ese mismo día 15 de febrero, mientras se conocía el horror de aquel asesinato, en la ciudad turística de Sharm-el-Seikh -en la punta sur de la península del Sinaí- el obispo copto católico Makarios Tewfik consagraba con gran alegría el primer templo de la iglesia copto-católica del lugar, destinado a atender a miembros de las familias católicas, pocas originarias de allí, pero muchas formadas por trabajadores y turistas procedentes de países católicos de todo el mundo. La erección del lugar de culto se había logrado tras muchos años de laboriosas gestiones (y no sin la decisiva intervención Susane Mubarak) para doblegar la oposición de las autoridades locales. El complejo se ha construido con el apoyo moral y económico de la organización Ayuda a la Iglesia Necesitada, que desde hace años está siendo decisivo para la Iglesia en el país del Nilo.

El contraste que provocan las dos imágenes sirve para explicar la situación de los cristianos egipcios en la era contemporánea, desde que Mehmet Ali ((1769 - 1849) creara el Egipto moderno. Historia que se ha movido siempre entre cierta discriminación -dentro de una amplia tolerancia- y brotes de una violencia, más o menos “religiosa”, y más o menos “populares”.

La Iglesia en el país del Nilo

Egipto es un gran país, con 84 millones de habitantes (quince de ellos en El Cairo, la mayor ciudad de África y de Oriente Medio), que goza una renta per cápita de dos mil dólares. El cristianismo allí es antiguo, tiene origen apostólico y, como se sabe, fue especialmente floreciente en los siglos III y IV.  Los padres y escritores eclesiásticos alejandrinos tuvieron decisiva importancia en el desarrollo del dogma católico. La ruptura ( a. 457) del patriarca Timoteo II con la iglesia bizantina a raíz del concilio de Calcedonia (a. 451) marcó definitivamente su historia, convirtiéndose desde entonces en una Iglesia separada de Roma; es la Iglesia “copta”. El término procede de la corrupción lingüística de la palabra “egipcio” en lengua árabe. En 1741, el obispo copto de Jerusalén, llamado Atanasio se hizo católico junto con su congregación, formada por unos dos mil fieles. Aunque más tarde regresó a la obediencia al patriarca alejandrino, aquel grupo de fieles permaneció católico y fue el origen de una rama de la Iglesia copta que permanece en comunión con Roma, los copto-católicos, de la que se calcula que forman parte unos trescientos mil fieles divididos en tres eparquías –Alejandría, El Cairo y Port Said-, actualmente unidas en la persona de un único patriarca copto-católico. Hay también otras comunidades cristianas en el país, consecuencia en parte de su historia política, especialmente numerosa es la greco ortodoxa, que se remonta a aquella primera crisis en la unidad, cuando la Iglesia en Egipto rompió con la bizantina y la población egipcia de origen griego permaneció unida al patriarca de Constantinopla.
Iglesia de san Sergio, El Cairo
 A pesar de la progresiva islamización que se dio tras la conquista por los árabes, Egipto ha seguido siendo cristiano ininterrumpidamente, y todo el país está lleno de huellas de historia -¡y actualidad!- cristiana: desde el antiquísimo monasterio de Santa Catalina, en el Sinaí, hasta el enorme conjunto monasterial de Wadi Natrum, al oeste del Delta, ya en el desierto, donde viven más de cuatrocientos monjes. Si uno visita el llamado barrio copto, en la antigua fortaleza de Babilonia que fue el germen de la actual ciudad de El Cairo, se pueden visitar las antiguas iglesias de San Sergio o  también la llamada iglesia colgante, muy cerca del conjunto monasterial de San Jorge, de la Iglesia  greco ortodoxa. Los franciscanos, a través de la Custodia de Tierra Santa, atienden y dirigen muchas parroquias, también los combonianos y los jesuitas, presentes en Egipto desde finales del XVII.

Estos últimos dirigen en Alejandría un centro cultural y pastoral de gran atractivo. Hay centros de teológicos importantes, sobre todo uno dedicado a estudios orientales en El Cairo.

¿Violencia religiosa?

No sería objetivo afirmar que los cristianos en Egipto son perseguidos. Al contrario, por lo general son respetados y apreciados; son vistos y se sienten egipcios como los demás, aunque sufren ciertos prejuicios sociales, comparables a los de minorías étnicas en otros países. Con matices diferentes -según las zonas rurales o los ambientes urbanos-, se podría decir que los cristianos se mueven con naturalidad, y son considerados conciudadanos a todos los efectos por los musulmanes, que saben que no provienen de fuera, sino que han estado en el país siempre. Forman una gran minoría religiosa, que alcanza seguramente el diez por ciento de la población. Aunque se encuentran repartidos por todo el país, en el Alto Egipto -en localidades situadas alrededor de 300 km al sur de El Cairo, como Asiut o Menya-, los coptos son especialmente numerosos, y en las tres grandes metrópolis que marcan el triángulo del delta del Nilo -El Cairo, Alejandría y Port Said-, las iglesias cristianas marcan el paisaje urbano tanto como las mezquitas.

Sin embargo, no dejan de notarse ciertos recelos sociales, en el caso de las ciudades, y de rivalidades en las zonas rurales, y ese difuso desprecio étnico; todo ello agravado ahora por la extensión del islamismo y sus expresiones más radicales, por mucho que la mayoría de la población repudie sinceramente la violencia que han sufrido. De otro lado, la inestabilidad política en toda la zona generada durante la llamada “primavera árabe” está detrás de los estallidos de intolerancia, limitados pero de gran virulencia: seis muertos a la salida de una misa de Navidad, veinticinco en un choque de manifestantes con fuerzas del orden, veintitrés fallecidos en un atentado suicida junto a una iglesia… Por lo demás, no hay que olvidar que los atentados islamistas tienen también entre sus objetivos a los funcionarios o al turismo. Más que de persecución la Iglesia en Egipto se queja de discriminación legal o cultural, y reclama la definitiva superación del la sutil brecha a través de una reforma constitucional, que está en curso, y del compromiso de las nuevas autoridades en crear de una nueva atmósfera, menos parcial.

Libertad de culto. La Constitución de 2014

El momento puede ser propicio. Como otras muchas instancias sociales,  el patriarca Tawadros II apoyó en su momento el golpe militar que apartó del poder a Mohammed Morsi en 2013, tras las masivas manifestaciones contra el gobierno islamista, un gobierno formado por la coalición del partido de la cofradía de los Hermanos Musulmanes y el partido Salafista., A pesar de las promesas que había hecho en sentido contrario, la reforma constitucional emprendida por Morsi seguía sufriendo una escoramiento islamista, con lo que ello implica de discriminación por razón de religión. Tras la caída de Morsi, el general Abdel Fatah Al-Sisi, después de someterse a nuevas elecciones presidenciales consideradas como democráticas, ha impulsado la nueva constitución, aprobada por referéndum en enero de 2014.

El nuevo texto constituyente establece libertad de culto para los miembros de las tres religiones “divinas”: islam, cristianismo y judaísmo; también ordena que no haya  diferencia en el código penal respecto a los delitos ofensa a la religión o de incitación al odio, que serán considerados además como delitos contra la unidad nacional, se trate de una u otra religión. También da libertad a las tres religiones para erigir lugares de culto. Queda por legislar la concreción de esa facultad, pero por el momento se ha creado el marco legal que aliviará las enormes dificultades administrativas y prácticas que sufren los cristianos para construir o reparar sus iglesias.

Libertad religiosa

Si en libertad de culto ha habido avances, no puede decirse lo mismo respecto a la libertad religiosa propiamente dicha, aunque sólo sea porque permanece el deber de indicar en el documento de identidad la pertenencia a una de esas tres religiones. En teoría, el objeto de esta consignación es tener el dato en cuenta a la hora de aplicar las leyes civiles, que en determinados temas remiten al estatuto personal religioso, por ejemplo en el ámbito del derecho matrimonial y familiar.  Sin embargo, esa anotación en el documento de identidad nacional no pueden cambiarse en caso de conversión, de modo que si una persona se convierte, por ejemplo, al cristianismo, en su documento de identidad seguirá constando como musulmán, con los múltiples problemas de todo tipo que eso puede ocasionarle. Así, aunque la ley no prohíbe la conversión del islam a otra religión, el hecho queda reflejado públicamente. Además, no hay que olvidar que la sharia ordena el asesinato de los apóstatas, y aunque esa costumbre está abolida de la ley penal o civil, la sharia se sigue considerando fuente interpretativa del Derecho. Este hecho crea inseguridad jurídica y puede dar lugar a impunidad ante posibles actos fanáticos. Lógicamente, no todo el mundo está dispuesto a asumir estas dificultades en su vida corriente, menos aún en ambientes rurales.
Por otro lado, estipular que las leyes “canónicas” de cada religión sean la base de la legislación que gobierna el status personal de cada uno, puede llevar a dificultades importantes indirectamente. Por ejemplo, la ley sólo reconoce matrimonios islámicos, cristianos o judíos, y establece que los que se casan deben ser miembros de la misma denominación religiosa: un shií no debe casarse con un suní, ni un protestante con un católico.  Por otra parte, todos los ciudadanos están sometidos a la sharia en materias de herencia y de adopciones. Si un varón desea casarse con una musulmana ha de convertirse al islam (mientras que la mujer no musulmana no está obligada a convertirse al casarse con un musulmán). Una mujer casada que se convierte al islam puede divorciarse de su marido no musulmán, y en ese caso, la custodia de los hijos recae en ella exclusivamente. Por su parte, los hijos menores de edad de padres musulmanes eventualmente conversos al cristianismo son considerados legalmente como musulmanes aunque se hayan bautizado. En cualquier caso, en los conflictos matrimoniales los tribunales deben aplicar la sharia.

Buenas intenciones

El patriarca Tawadros con el presidente Al-Sisi
Todos los problemas relacionados con las libertades de culto y religión preocupan seriamente a las autoridades del país, ya que sobre el fondo de la intolerancia activa, cada vez más presente en otros países de la zona, ofrecen una imagen del país que no es, a su juicio, representativa de la realidad normal, y daña las posibilidades de homologación con el mundo cultural occidental. En un discurso dirigido en enero de 2014 a las autoridades religiosas de la universidad de Al-Ahzar -que es el centro teológico musulmán de más prestigio del mundo entre los sunníes-, el presidente Al-Sisi exigió una “revolución religiosa”, un cambio de mentalidad. “¿Cómo es posible que 1,6 mil millones de personas puedan pensar que para vivir deben eliminar al resto de los 7 mil millones de habitantes del mundo? No, ¡eso es imposible!”.
En un sorprendente tono perentorio y de reproche añadía: “Lo que estoy diciendo no podéis percibirlo si permanecéis atrapados en esta mentalidad. Tenéis que salir de vosotros mismos y observar esta forma de pensar desde fuera, para erradicarla y reemplazarla con una visión más iluminada del mundo”.

Él mismo ha asumido en primera persona una conducta propia de presidente de todos los egipcios, encontrándose afablemente con todos los líderes religiosos. Tras la canonización de los veintiún mártires de Sirte anunció que se construiría en su honor un templo en Mynia, la capital del distrito al que pertenecían; y envió a siete de los ministros de su gobierno –entre ellos al primer ministro- para que visitaran a las familias de cada uno de los mártires asesinados. “Todos vosotros sois un gran valor para la nación”, afirmó el mandatario que presidía la representación oficial, “estamos dispuestos a sacrificarnos por todos los hijos de Egipto". Y anunció que se hará construir una iglesia a expensas del Estado en memoria de los mártires en la aldea de  Al-Our.

Unidad entre los cristianos

En el conjunto del norte de África, Egipto es un lugar especial. Geográfica y culturalmente es la bisagra entre esa región y el Oriente Medio, con una gran influencia en todo el mundo árabe. Es un país acostumbrado también a la convivencia con occidente y lo occidental, de gente laboriosa y abierta, donde en general se valora la estructura familiar, la amistad y la religiosidad. Para la Iglesia podría suponer una maravillosa oportunidad de conocimiento y convivencia con la cultura árabe. En este sentido, la mayor debilidad que presenta la situación de la Iglesia allí –como en otros países del Oriente Medio- es precisamente la histórica fragmentación de las comunidades cristianas, que viven a menudo de espaldas unas de otras, incluso las que están en comunión en la Iglesia católica. Copto católicos, greco-católicos, maronitas, armenios, caldeos, católicos de rito latino… tienen sus propias jerarquías y organizaciones, que apenas se tratan entre sí.

La Santa Sede convocó una asamblea especial del Sínodo de los Obispos para Oriente Medio, cuyas deliberaciones tuvieron lugar en octubre de 2010. “La comunión eclesial y el testimonio cristiano”, eran los dos temas que se abordaron. El primero hacía referencia a la comunión dentro la Iglesia católica, y también entre las diversas Iglesias y comunidades cristianas. El segundo –el testimonio cristiano- pretendía resaltar puntos de unión y respeto mutuo entre los cristianos, hebreos y musulmanes. Durante su viaje a Tierra Santa, en septiembre de 2012, Benedicto XVI hizo la entrega simbólica de las conclusiones de la reunión. En la exhortación apostólica post sinodal, el papa  escribía:  Junto con la Iglesia católica, en Oriente Medio están presentes numerosas y venerables Iglesias, a las que se añaden comunidades eclesiales de origen más reciente. Este mosaico requiere un esfuerzo importante y continuo por favorecer la unidad, dentro de las respectivas riquezas, con el fin de reforzar la credibilidad del anuncio del Evangelio y del testimonio cristiano
Desde el punto de vista práctico, el objetivo más importante en Egipto –aunque parezca modesto- es la creación entre los obispos de los diversos ritos católicos de organismos inspirados en el funcionamiento de las conferencias episcopales. Los centros de culto o educativos católicos de rito latino tienen prestigio, y el vicariato apostólico establecido allí por Roma realiza todos sus esfuerzos en lograr la sintonía entre las minorías cristianas presentes y su revitalización misionera y de servicio a la población, sobre todo a los más necesitados.




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